A mi me gusta, a mi me encanta Dios.
Que Dios bendiga a Dios.
-Jaime Sabines-
A mi me gusta el Dios de Sabines. Ese Dios que entiende que no hay bien sin mal, ese viejo magnífico que se ríe de nuestros prejuicios y de la idea loca que tenemos de Él. Y es que el Dios de Sabines se parece mucho al mío.
El Dios que yo conozco nunca ha sido tibio. No me juzga por cosas sin sentido. El Dios que conozco y al que le creo no le preocupa lo mismo que a nosotros, no se preocupa, de hecho. El Dios que descubrí en el viento es capaz de darme todo si tengo la humildad de escuchar atentamente a la voz que Él mismo puso en mis adentros.
Mi Dios no se esconde en las iglesias, ni en los rezos, ni en libros viejos. Mi Dios está en cada lágrima, en cada recuerdo, en cada buen presentimiento. El Dios que yo conozco me da siempre lo que no quiero porque sabe que lo necesito y me quita lo que menos espero y, aunque pataleo, no tardo en comprenderlo. El Dios que vive en mi calle jamás me ha castigado y, si me caigo, se burla de mí un poco, mueve la cabeza diciendo “te lo dije”, me ayuda a levantarme y me sacude el polvo.
No sé si mi Dios sea el mismo que el de Sabines, no se si le dé la gana ser un mismo Dios para todos… me cae bien creer que ahí está. Eso es todo.