miércoles, abril 06, 2011

How wonderful life is...

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"I hope you don't mind

that I put down in words

How wonderful life is

now you're in the world"





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Y me aparezco por acá con un post pretendido por meses pero que no había encontrado espacio. Últimamente nada tiene espacio, sólo ellos: Mateo y Rodrigo. Ellos ocupan mi mente con sus caritas que tanto trabajo me cuesta imaginar, ocupan cada vez más espacio en mi cuerpo, provocándome indigestión y visitas ilimitadas al tocador, ocupan mis risas cada vez que siento que se mueven, ocupan mis manos para acariciarlos a través de mi piel, ocupan mis letras y mi canto y ocupan todo mi futuro, mi sueño, mi vida y mi destino.

Son ya más de 20 semanas con ellos, cada una llena de expectativas, ilusiones y nuevos miedos. Debo aceptar que vivo feliz y aterrada al mismo tiempo, que no ha sido fácil descubrir en mí todos esos sentimientos que sólo puedes tener por un hijo y multiplicarlos por dos. Claro que hay achaques, molestias e incomodidades, pero eso es lo de menos, hoy sufro sólo si pienso que algo puede hacerlos sufrir a ellos. Hoy porto orgullosa mi panza gigantesca y mis zapatos bajos y, curiosamente, es hasta ahora que he descubierto la belleza de mi propio cuerpo, que cambia y crece cada día de manera milagrosa, aunque todo mundo se pregunté con miedo de qué tamaño estaré cuando ya vayan a nacer.

Ha sido un poco raro descubrir que el mundo no ha cambiado. Que hay gente que te resta méritos e inteligencia por el simple hecho de que vayas a ser madre, que no entiende que ese es para mí el significado del éxito y lo demás sólo son medios, que no me avergüenza descubrir tan claras mis prioridades; que hay también gente que espera con ansias que pagues en alguien más todos tus pecados en vez de alegrarse por verte feliz, y que hay personas que simplemente no pueden entender que pueda sentirme completamente extasiada con escuchar sus corazones latir.

Pero, otra vez, eso es lo de menos. He descubierto o reafirmado mil veces en estos cinco meses el amor que este par genera desde ahora y desde que se supo de su existencia. La gente feliz y ansiosa por conocerlos supera por mucho a la que no siente así. Entre cuatro abuelos y tres bisabuelos ansiosos por malcriarlos, muchos tíos dispuestos a fungir como nana de ser necesario, primas que besan dos veces mi panza para saludarlos, amigas y amigos pendientes de sus nombres, su peso y su tamaño y, por supuesto, sus padres que obviamente ya no podemos concebir la vida sin su presencia, segura estoy de que, si algo no les falta ni les faltará a Rodrigo y Mateo será amor.

Estoy viviendo un milagro, eso es razón suficiente para ser absolutamente feliz y agradecer cada segundo a Dios por la oportunidad de sentir a estos dos seres dentro de mí. Si a eso le agregas que estoy compartiendo este maravilloso regalo con el amor de mi vida y con mucha gente que me ama y me cuida, no podría ni atreverme a pedir nada más para mí. Para ellos sí. Para ellos pido el mundo, pido amor, pido todas las bendiciones que tengan a bien mandar. Desde hace veinte semanas y para siempre se tienen el uno al otro y nos tienen a nosotros y sé que tendrán todo lo que sean capaces de desear, de recibir y de corresponder (and give, and share, and recieve… jejeje), y yo no puedo esperar a verlos nacer, crecer y ser grandes, no sólo en tamaño, sino en sabiduría y amor. Confío ciegamente en que así será.

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martes, febrero 08, 2011

Here comes the sun...

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"Here comes the sun
here comes the sun, and i say:
it's all right.
Sun, sun, sun, here it comes"



He aquí la razón, el motivo, la inspiración y la luz de todos los años que nos quedan por vivir.





He aquí el reflejo de Dios en nuestros ojos, la evidencia de que los milagros y existen -y a veces vienen por partida doble-.





He aquí el amor hecho carne, nuestros corazones en dos corazones que laten cada vez más fuerte, como la música más sublime que escuchamos jamás.





He aqui lo que no puedo describir con palabras, lo que me llena los ojos de lágrimas y el corazón de esperanza.





Y yo sólo puedo decir que nunca he sido tan feliz, que nunca en mi vida pensé que el mundo podría llegar a ser tan perfecto como lo es hoy...








How wonderful life is now you're in the world...

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NOUS SOUHAITONS À TOUS

DE TROUVER QUELQU'UN À AIMER

COMME NOUS NOUS AIMONS.

ASTRID + LUISZ + GALLETAS

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sábado, enero 15, 2011

¿Qué hago aquí?

A veces me pregunto qué hago aquí, sentada en este escritorio. Escogí mi carrera por azar y con tal de no estudiar administración, que era lo que originalmente había elegido. La verdad me da risa cuando la gente dice que la universidad son desvelos y sacrificios, porque para mí fue fácil, muy fácil. Iba a las clases necesarias y estudiaba lo mínimo, nunca busqué dieces y sin embargo los saqué a montones. Terminé titulándome por 'excelencia académica' sin entender muy bien por qué.

Puedo decir que nunca he buscado trabajo. Cuando salí de la universidad ya trabajaba y una vez terminada la carrera seguí trabajando en el mismo lugar y me doblaron el sueldo; cuando salí de ahí harta de los especímenes que creen que tienen alas y decidida a dedicarme a estudiar, otra chamba, la actual, la soñada para miles de personas, me cayó del cielo.

A los 6 meses de trabajar aquí, estaba a punto de suicidarme del aburrimiento. El trabajo monótono y burocrático estaba a punto de acabar con mis ganas de vivir, así que me propuse cumplir un año y huir. Siempre dije que no puedes ser buena en algo que no te gusta, pero mis jefes tenían otra opinión al respecto. Dos meses antes de mi aniversario, me promovían, dándome un sueldo con el que en mi vida había soñado. No me la creía, pero entre el dinero y el reto de por primera vez tener gente a mi cargo, consiguieron retenerme un rato. Tres años después, me preparaba para partir, cuando una vez más el dinero y la fama (jaja) me convencieron de tomar el puesto que ahora tengo.

Y 5 años después, a veces sigo preguntándome que hago aquí. No me aburro como una ostra como al principio pues en el puesto que tengo ahora el trabajo es mucho menos monótono, pero tampoco es que sea retador. Me gusta mi carrera pero definitivamente no me apasiona. No es, ni de lejos, lo que quiero hacer el resto de mi vida, aunque en estos momentos tenga dos razones 'de mucho peso' para ni pensar en abandonarlo. Pero al parecer todos aquí piensan que soy realmente muy buena en lo que hago, y yo no lo pienso, no porque no me crea mucho (que sí me creo, oh sí) sino porque lo que hago no me cuesta trabajo. A veces pienso que no me merezco ni tanto halago ni el sueldo que gano cuando estoy aquí sentada en mi oficina escribiendo en mi blog, porque se acabaron mis pendientes de hoy.

Pero entonces, entra a mi oficina una persona que tal vez tenga mucho mayores capacidades técnicas que yo, planteándome un problema con el que tiene 24 horas lidiando y que se vuelve urgente. Sin entender la complejidad del problema, levanto la bocina, hago un par de llamadas y en 15 minutos tengo la solución en mi bandeja de entrada. La persona solo atina a verme con los ojos bien abiertos y preguntar '¿Cómo se te ocurrió?'.

Entonces entiendo qué hago aquí.

miércoles, octubre 27, 2010

Pongamos que hablo de Madrid...

Pongamos que hablo de Madrid, y que paseamos por el Retiro mientras cuido que no saltes a la fuente; que corres delante de mí y volteas a sonreírme con tus ojos verdes, tu abrigo rojo y tu pantalon de mezclilla azul; que cuando te detienes para esperarme corro y te abrazo fuerte y se me quita el frío.

Pongamos que hablo de Madrid y que tomas chocolate en San Ginés y te limpio el bigote café; que observas a la gente que entra y sale, que tenemos conversaciones relevantes en tu idioma sobre cualquier cosa, que cuando te ajusto el gorro aprovecho para besarte en la frente con mis labios fríos y que tomas mi mano para salir a la calle y volver caminando a casa.

Pongamos que hablo de Madrid y que observas como el atardecer te refleja como al Templo de Debod en el agua, que escuchas una voz que te llama; buscas entre la gente a unos ojos iguales a los tuyos y corres lo más rápido que puedes para encontrarlos. Los brazos de tu padre te levantan y tú le tocas la nariz a manera de saludo. Dos pares de ojos verdes voltean a mirarme y no puedo más que agradecer en silencio a Dios por estar viva.

Pongamos que hablo de Madrid, pero podría ser cualquier otro lugar. Yo sueño contigo, sueño con mi hogar que será donde estés tú, donde esté tu papá.



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miércoles, octubre 20, 2010

Al lugar al que fueres...

Ya he hablado antes sobre mi amor por los viajes. Sin embargo, no tengo una gran colección de fotografías. De hecho, hasta hace poco, ni siquiera me ocupaba de salir en ellas, hay lugares que he visitado y no tengo ni una fotografía en la que salga yo.

Los viajes no son para mí una colección de recuerdos, ni un triunfo, ni un pretexto para presumir. La razón por la que amo viajar es porque es una de las mejores maneras de aprender, de crecer. Cualquier ciudad, al caminarla, al olerla, al observarla, te deja enseñanzas que ninguna universidad podrá. Creo firmemente que si un viaje -al igual que el amor- no te hace ser mejor persona, no sirve de nada, no tuvo razón de ser.

Hay lugares que son hermosos que no han sido aprovechados por sus habitantes, también hay gente que engrandece el lugar donde vive, ejemplos de lo que te gustaría para tu país y todo lo contrario. En cada lugar, en sus atardeceres, en la sonrisa de su gente y en la basura de sus calles, puedes leer libros enteros si aprendes a encontrarlos.

El año pasado estuve en Suiza, también en un curso. Mis compañeros eran todos europeos, yo era la única latinoamericana. Tal vez fuera la extrañancia, el frío o el tener que hablar en inglés todo el tiempo, pero me sentí un poco fuera de lugar. No era tan fácil hacer bromas sin hablar tu idioma con personas que tampoco estaban hablando el suyo y, aunque me adapté muy bien a la típica frialdad de los europeos, no me sentí parte de un grupo en ningún momento. Sin embargo, regresé maravillada por el orden, la limpieza, la muestra de que, si se tiene la voluntad, se puede hacer que todo funcione 'como reloj'.

Hoy estoy en Madrid. Los españoles -con sus honrosas excepciones- nunca han sido mis personas favoritas, pero no son ellos, ni España, quien me enseñó esta vez una gran lección con un mal ejemplo.

A diferencia del año pasado, esta vez estudio con puros latinoamericanos. Y es triste y decepcionante tener que decir que cuando voy con ellos de regreso al hotel en el autobús he preferido no hablar para que los demás no noten mi acento y sepan que voy con ellos. Al verlos tirar basura y escupir en la calle, no recorrerse en la fila, dejar su charola en la mesa de la cafetería esperando que alguien venga y la recoja y otras tantas monerías, desgraciadamente puedo entender por qué no somos bien recibidos en el extranjero. He visto a gente latina viviendo en España mirar con pena ajena a quienes evidentemente son sus paisanos, y lo peor de todo, es que he estado de acuerdo con esa mirada. ¿Pero saben qué es lo peor? Que nuestros pobres países, todos tan hermosos, están llenos de gente así, que piensa sólo en si misma y por la cabeza ni le pasa que exista algo que se llama 'el bien común'.

Dicen que 'al lugar al que fueres, haz lo que vieres'. Yo lo cambiaría 'del lugar al que fueres aprende lo bueno, para que hagas de tu país un lugar mejor'.

Y sí, también creo firmemente que una sola persona puede hacer la diferencia.








P.D: Oigan, si no fuera por el feedjit, pensaría que por acá ya no se paran ni las moscas. ¡Comenten carajo! que de por sí son poquitos y luego flojos, ¿a dónde iremos a parar?

P.D.Bis. Sí, ando grinch prematura. Es la 'extrañancia'.



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