A veces me pregunto qué hago aquí, sentada en este escritorio. Escogí mi carrera por azar y con tal de no estudiar administración, que era lo que originalmente había elegido. La verdad me da risa cuando la gente dice que la universidad son desvelos y sacrificios, porque para mí fue fácil, muy fácil. Iba a las clases necesarias y estudiaba lo mínimo, nunca busqué dieces y sin embargo los saqué a montones. Terminé titulándome por 'excelencia académica' sin entender muy bien por qué.
Puedo decir que nunca he buscado trabajo. Cuando salí de la universidad ya trabajaba y una vez terminada la carrera seguí trabajando en el mismo lugar y me doblaron el sueldo; cuando salí de ahí harta de los especímenes que creen que tienen alas y decidida a dedicarme a estudiar, otra chamba, la actual, la soñada para miles de personas, me cayó del cielo.
A los 6 meses de trabajar aquí, estaba a punto de suicidarme del aburrimiento. El trabajo monótono y burocrático estaba a punto de acabar con mis ganas de vivir, así que me propuse cumplir un año y huir. Siempre dije que no puedes ser buena en algo que no te gusta, pero mis jefes tenían otra opinión al respecto. Dos meses antes de mi aniversario, me promovían, dándome un sueldo con el que en mi vida había soñado. No me la creía, pero entre el dinero y el reto de por primera vez tener gente a mi cargo, consiguieron retenerme un rato. Tres años después, me preparaba para partir, cuando una vez más el dinero y la fama (jaja) me convencieron de tomar el puesto que ahora tengo.
Y 5 años después, a veces sigo preguntándome que hago aquí. No me aburro como una ostra como al principio pues en el puesto que tengo ahora el trabajo es mucho menos monótono, pero tampoco es que sea retador. Me gusta mi carrera pero definitivamente no me apasiona. No es, ni de lejos, lo que quiero hacer el resto de mi vida, aunque en estos momentos tenga dos razones 'de mucho peso' para ni pensar en abandonarlo. Pero al parecer todos aquí piensan que soy realmente muy buena en lo que hago, y yo no lo pienso, no porque no me crea mucho (que sí me creo, oh sí) sino porque lo que hago no me cuesta trabajo. A veces pienso que no me merezco ni tanto halago ni el sueldo que gano cuando estoy aquí sentada en mi oficina escribiendo en mi blog, porque se acabaron mis pendientes de hoy.
Pero entonces, entra a mi oficina una persona que tal vez tenga mucho mayores capacidades técnicas que yo, planteándome un problema con el que tiene 24 horas lidiando y que se vuelve urgente. Sin entender la complejidad del problema, levanto la bocina, hago un par de llamadas y en 15 minutos tengo la solución en mi bandeja de entrada. La persona solo atina a verme con los ojos bien abiertos y preguntar '¿Cómo se te ocurrió?'.
Entonces entiendo qué hago aquí.
sábado, enero 15, 2011
miércoles, octubre 27, 2010
Pongamos que hablo de Madrid...
Pongamos que hablo de Madrid, y que paseamos por el Retiro mientras cuido que no saltes a la fuente; que corres delante de mí y volteas a sonreírme con tus ojos verdes, tu abrigo rojo y tu pantalon de mezclilla azul; que cuando te detienes para esperarme corro y te abrazo fuerte y se me quita el frío.
Pongamos que hablo de Madrid y que tomas chocolate en San Ginés y te limpio el bigote café; que observas a la gente que entra y sale, que tenemos conversaciones relevantes en tu idioma sobre cualquier cosa, que cuando te ajusto el gorro aprovecho para besarte en la frente con mis labios fríos y que tomas mi mano para salir a la calle y volver caminando a casa.
Pongamos que hablo de Madrid y que observas como el atardecer te refleja como al Templo de Debod en el agua, que escuchas una voz que te llama; buscas entre la gente a unos ojos iguales a los tuyos y corres lo más rápido que puedes para encontrarlos. Los brazos de tu padre te levantan y tú le tocas la nariz a manera de saludo. Dos pares de ojos verdes voltean a mirarme y no puedo más que agradecer en silencio a Dios por estar viva.
Pongamos que hablo de Madrid, pero podría ser cualquier otro lugar. Yo sueño contigo, sueño con mi hogar que será donde estés tú, donde esté tu papá.
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Pongamos que hablo de Madrid y que tomas chocolate en San Ginés y te limpio el bigote café; que observas a la gente que entra y sale, que tenemos conversaciones relevantes en tu idioma sobre cualquier cosa, que cuando te ajusto el gorro aprovecho para besarte en la frente con mis labios fríos y que tomas mi mano para salir a la calle y volver caminando a casa.
Pongamos que hablo de Madrid y que observas como el atardecer te refleja como al Templo de Debod en el agua, que escuchas una voz que te llama; buscas entre la gente a unos ojos iguales a los tuyos y corres lo más rápido que puedes para encontrarlos. Los brazos de tu padre te levantan y tú le tocas la nariz a manera de saludo. Dos pares de ojos verdes voltean a mirarme y no puedo más que agradecer en silencio a Dios por estar viva.
Pongamos que hablo de Madrid, pero podría ser cualquier otro lugar. Yo sueño contigo, sueño con mi hogar que será donde estés tú, donde esté tu papá.
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miércoles, octubre 20, 2010
Al lugar al que fueres...
Ya he hablado antes sobre mi amor por los viajes. Sin embargo, no tengo una gran colección de fotografías. De hecho, hasta hace poco, ni siquiera me ocupaba de salir en ellas, hay lugares que he visitado y no tengo ni una fotografía en la que salga yo.
Los viajes no son para mí una colección de recuerdos, ni un triunfo, ni un pretexto para presumir. La razón por la que amo viajar es porque es una de las mejores maneras de aprender, de crecer. Cualquier ciudad, al caminarla, al olerla, al observarla, te deja enseñanzas que ninguna universidad podrá. Creo firmemente que si un viaje -al igual que el amor- no te hace ser mejor persona, no sirve de nada, no tuvo razón de ser.
Hay lugares que son hermosos que no han sido aprovechados por sus habitantes, también hay gente que engrandece el lugar donde vive, ejemplos de lo que te gustaría para tu país y todo lo contrario. En cada lugar, en sus atardeceres, en la sonrisa de su gente y en la basura de sus calles, puedes leer libros enteros si aprendes a encontrarlos.
El año pasado estuve en Suiza, también en un curso. Mis compañeros eran todos europeos, yo era la única latinoamericana. Tal vez fuera la extrañancia, el frío o el tener que hablar en inglés todo el tiempo, pero me sentí un poco fuera de lugar. No era tan fácil hacer bromas sin hablar tu idioma con personas que tampoco estaban hablando el suyo y, aunque me adapté muy bien a la típica frialdad de los europeos, no me sentí parte de un grupo en ningún momento. Sin embargo, regresé maravillada por el orden, la limpieza, la muestra de que, si se tiene la voluntad, se puede hacer que todo funcione 'como reloj'.
Hoy estoy en Madrid. Los españoles -con sus honrosas excepciones- nunca han sido mis personas favoritas, pero no son ellos, ni España, quien me enseñó esta vez una gran lección con un mal ejemplo.
A diferencia del año pasado, esta vez estudio con puros latinoamericanos. Y es triste y decepcionante tener que decir que cuando voy con ellos de regreso al hotel en el autobús he preferido no hablar para que los demás no noten mi acento y sepan que voy con ellos. Al verlos tirar basura y escupir en la calle, no recorrerse en la fila, dejar su charola en la mesa de la cafetería esperando que alguien venga y la recoja y otras tantas monerías, desgraciadamente puedo entender por qué no somos bien recibidos en el extranjero. He visto a gente latina viviendo en España mirar con pena ajena a quienes evidentemente son sus paisanos, y lo peor de todo, es que he estado de acuerdo con esa mirada. ¿Pero saben qué es lo peor? Que nuestros pobres países, todos tan hermosos, están llenos de gente así, que piensa sólo en si misma y por la cabeza ni le pasa que exista algo que se llama 'el bien común'.
Dicen que 'al lugar al que fueres, haz lo que vieres'. Yo lo cambiaría 'del lugar al que fueres aprende lo bueno, para que hagas de tu país un lugar mejor'.
Y sí, también creo firmemente que una sola persona puede hacer la diferencia.
P.D: Oigan, si no fuera por el feedjit, pensaría que por acá ya no se paran ni las moscas. ¡Comenten carajo! que de por sí son poquitos y luego flojos, ¿a dónde iremos a parar?
P.D.Bis. Sí, ando grinch prematura. Es la 'extrañancia'.
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Los viajes no son para mí una colección de recuerdos, ni un triunfo, ni un pretexto para presumir. La razón por la que amo viajar es porque es una de las mejores maneras de aprender, de crecer. Cualquier ciudad, al caminarla, al olerla, al observarla, te deja enseñanzas que ninguna universidad podrá. Creo firmemente que si un viaje -al igual que el amor- no te hace ser mejor persona, no sirve de nada, no tuvo razón de ser.
Hay lugares que son hermosos que no han sido aprovechados por sus habitantes, también hay gente que engrandece el lugar donde vive, ejemplos de lo que te gustaría para tu país y todo lo contrario. En cada lugar, en sus atardeceres, en la sonrisa de su gente y en la basura de sus calles, puedes leer libros enteros si aprendes a encontrarlos.
El año pasado estuve en Suiza, también en un curso. Mis compañeros eran todos europeos, yo era la única latinoamericana. Tal vez fuera la extrañancia, el frío o el tener que hablar en inglés todo el tiempo, pero me sentí un poco fuera de lugar. No era tan fácil hacer bromas sin hablar tu idioma con personas que tampoco estaban hablando el suyo y, aunque me adapté muy bien a la típica frialdad de los europeos, no me sentí parte de un grupo en ningún momento. Sin embargo, regresé maravillada por el orden, la limpieza, la muestra de que, si se tiene la voluntad, se puede hacer que todo funcione 'como reloj'.
Hoy estoy en Madrid. Los españoles -con sus honrosas excepciones- nunca han sido mis personas favoritas, pero no son ellos, ni España, quien me enseñó esta vez una gran lección con un mal ejemplo.
A diferencia del año pasado, esta vez estudio con puros latinoamericanos. Y es triste y decepcionante tener que decir que cuando voy con ellos de regreso al hotel en el autobús he preferido no hablar para que los demás no noten mi acento y sepan que voy con ellos. Al verlos tirar basura y escupir en la calle, no recorrerse en la fila, dejar su charola en la mesa de la cafetería esperando que alguien venga y la recoja y otras tantas monerías, desgraciadamente puedo entender por qué no somos bien recibidos en el extranjero. He visto a gente latina viviendo en España mirar con pena ajena a quienes evidentemente son sus paisanos, y lo peor de todo, es que he estado de acuerdo con esa mirada. ¿Pero saben qué es lo peor? Que nuestros pobres países, todos tan hermosos, están llenos de gente así, que piensa sólo en si misma y por la cabeza ni le pasa que exista algo que se llama 'el bien común'.
Dicen que 'al lugar al que fueres, haz lo que vieres'. Yo lo cambiaría 'del lugar al que fueres aprende lo bueno, para que hagas de tu país un lugar mejor'.
Y sí, también creo firmemente que una sola persona puede hacer la diferencia.
P.D: Oigan, si no fuera por el feedjit, pensaría que por acá ya no se paran ni las moscas. ¡Comenten carajo! que de por sí son poquitos y luego flojos, ¿a dónde iremos a parar?
P.D.Bis. Sí, ando grinch prematura. Es la 'extrañancia'.
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viernes, septiembre 24, 2010
El ultimátum
Este cuentito lo escribí para HD-B (que en paz descanse) y me gustó mucho, así que quise rescatarlo. Se los dejo:
Las uñas rojas de Deessa golpean el teclado con fuerza mientras sus ojos atentos a la pantalla no dejan salir las lágrimas que los inundan. Casi podría ver del otro lado del monitor al destinatario del mail que escribe, pues conoce perfectamente su rutina; en este momento estará llegando a su oficina con un café deslactosado en la mano, se quitará el saco y se sentará en su escritorio para comenzar a trabajar interrumpido de cuando en cuando por cursis charlas en el mensajero con esa mujer, la causa de sus lágrimas, la enemiga a vencer, quien hoy por fin desaparecerá de su vida.
Había sido suficiente de citas a escondidas en hoteles de lujo y llamadas en medio de la noche, algunas respondidas, otras no, dependiendo de la compañía. Desde la primera vez que lo vio lo había querido para ella y siempre se salía con la suya, ésta no sería la excepción. No importaba que él dijera estar enamorado de otra, Deessa sabía lo que veía en sus ojos cuando la miraba, cuando besaba con furia sus labios pintados de rojo intenso, cuando acariciaba su piel blanquísima. No quería, ni podía, seguir viviendo sin él y sabía que él tampoco querría vivir sin ella. Ésta, era la prueba final.
[Mientras tanto, David llega al centro de cómputo, su lugar de trabajo. El día no pinta nada bien, el América perdió de manera abrumadora el fin de semana y sabe que sus compañeros se burlarán hasta el cansancio del rompevientos azul y amarillo que, a pesar de todo, lleva con orgullo. Llueve y fue complicado poderse subir al metro entre tanta gente. Cuando estudió para técnico en informática y computación, creyó que le esperaba un futuro mejor, mejor que los gritos mañaneros de Raúl, su jefe, porque algún servidor se cayó. Avienta su mochila fastidiado entre las rechiflas de sus compañeros y se dispone a ver que ha pasado con la red institucional en el transcurso de la noche.]
Deessa, después de leer por enésima vez lo que ha escrito, por fin presiona el botón “Enviar”. No hay posibilidad de error, sabe que en cuestión de segundos, él recibirá su ultimátum. Toma un poco de agua con la pastilla. Dos horas es más que suficiente para que él lea el correo, salga apresurado de su oficina y llegue a tiempo. Lo conoce, nunca podría renunciar a ella aunque insista en decir que sólo la desea.
Vuelve a pintar sus labios de rojo, se mira en el espejo. Se ha puesto aquel coordinado negro que a él le encanta y los zapatos rojos que lo enloquecen, quiere verse bonita para recibirlo en el momento en que por fin dejen de ser un secreto. Tal vez le dolerá un poco dejar a esa mujer con la que comparte su vida, siempre habla maravillas de ella, pero poco a poco, perdido en sus brazos, se olvidará de los otros que lo han abrigado por las noches, hasta hoy.
[Mientras David comenta con sus compañeros el arbitraje del juego de ayer, tratando de defender a sus Águilas queridas, el jefe sale de su oficina exaltado preguntando por qué no está en su lugar. Hay un problema con el servidor de correo, los mails no están llegando. David corre a su lugar y verifica la funcionalidad de la red, el servidor no está respondiendo, tal vez deba reiniciarlo.]
Deessa se recuesta en la cama y cierra los ojos. Una dulce somnolencia se apodera de ella, recuerda los ojos de Raúl, su amante, puestos sobre su cuerpo y sonríe esperando verlo entrar corriendo de un momento a otro por la puerta. Tal vez la reprenda un poco, pero ya está acostumbrado a sus locuras; al final, todo saldrá bien. A lo lejos, escucha el teléfono, pero no tiene fuerza para contestarlo. Quizá dormirá un poco, segura de que él la despertará con sus besos…
[David mira triunfal el monitor, la recepción de correos se ha reestablecido. El servicio se suspendió solo por unos minutos y tal vez algunos de los correos enviados en ese lapso se hayan perdido. Pero nada de vida o muerte…]
Las uñas rojas de Deessa golpean el teclado con fuerza mientras sus ojos atentos a la pantalla no dejan salir las lágrimas que los inundan. Casi podría ver del otro lado del monitor al destinatario del mail que escribe, pues conoce perfectamente su rutina; en este momento estará llegando a su oficina con un café deslactosado en la mano, se quitará el saco y se sentará en su escritorio para comenzar a trabajar interrumpido de cuando en cuando por cursis charlas en el mensajero con esa mujer, la causa de sus lágrimas, la enemiga a vencer, quien hoy por fin desaparecerá de su vida.
Había sido suficiente de citas a escondidas en hoteles de lujo y llamadas en medio de la noche, algunas respondidas, otras no, dependiendo de la compañía. Desde la primera vez que lo vio lo había querido para ella y siempre se salía con la suya, ésta no sería la excepción. No importaba que él dijera estar enamorado de otra, Deessa sabía lo que veía en sus ojos cuando la miraba, cuando besaba con furia sus labios pintados de rojo intenso, cuando acariciaba su piel blanquísima. No quería, ni podía, seguir viviendo sin él y sabía que él tampoco querría vivir sin ella. Ésta, era la prueba final.
[Mientras tanto, David llega al centro de cómputo, su lugar de trabajo. El día no pinta nada bien, el América perdió de manera abrumadora el fin de semana y sabe que sus compañeros se burlarán hasta el cansancio del rompevientos azul y amarillo que, a pesar de todo, lleva con orgullo. Llueve y fue complicado poderse subir al metro entre tanta gente. Cuando estudió para técnico en informática y computación, creyó que le esperaba un futuro mejor, mejor que los gritos mañaneros de Raúl, su jefe, porque algún servidor se cayó. Avienta su mochila fastidiado entre las rechiflas de sus compañeros y se dispone a ver que ha pasado con la red institucional en el transcurso de la noche.]
Deessa, después de leer por enésima vez lo que ha escrito, por fin presiona el botón “Enviar”. No hay posibilidad de error, sabe que en cuestión de segundos, él recibirá su ultimátum. Toma un poco de agua con la pastilla. Dos horas es más que suficiente para que él lea el correo, salga apresurado de su oficina y llegue a tiempo. Lo conoce, nunca podría renunciar a ella aunque insista en decir que sólo la desea.
Vuelve a pintar sus labios de rojo, se mira en el espejo. Se ha puesto aquel coordinado negro que a él le encanta y los zapatos rojos que lo enloquecen, quiere verse bonita para recibirlo en el momento en que por fin dejen de ser un secreto. Tal vez le dolerá un poco dejar a esa mujer con la que comparte su vida, siempre habla maravillas de ella, pero poco a poco, perdido en sus brazos, se olvidará de los otros que lo han abrigado por las noches, hasta hoy.
[Mientras David comenta con sus compañeros el arbitraje del juego de ayer, tratando de defender a sus Águilas queridas, el jefe sale de su oficina exaltado preguntando por qué no está en su lugar. Hay un problema con el servidor de correo, los mails no están llegando. David corre a su lugar y verifica la funcionalidad de la red, el servidor no está respondiendo, tal vez deba reiniciarlo.]
Deessa se recuesta en la cama y cierra los ojos. Una dulce somnolencia se apodera de ella, recuerda los ojos de Raúl, su amante, puestos sobre su cuerpo y sonríe esperando verlo entrar corriendo de un momento a otro por la puerta. Tal vez la reprenda un poco, pero ya está acostumbrado a sus locuras; al final, todo saldrá bien. A lo lejos, escucha el teléfono, pero no tiene fuerza para contestarlo. Quizá dormirá un poco, segura de que él la despertará con sus besos…
[David mira triunfal el monitor, la recepción de correos se ha reestablecido. El servicio se suspendió solo por unos minutos y tal vez algunos de los correos enviados en ese lapso se hayan perdido. Pero nada de vida o muerte…]
miércoles, septiembre 22, 2010
Take a sad song...
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‘Hey Jude, don't make it bad
Take a sad song and make it better’
Take a sad song and make it better’
Un frío día de 1968, un niño está sentado en el suelo abrazando sus piernas; con el oído pegado a un viejo estéreo, disfraza el sonido de los gritos con música. Quién sabe qué tanto sepa, quién sabe qué tanto haya escuchado o visto. Tal vez un par ojos rasgados vienen a su mente como culpables de su destino. Pero sólo es un niño, nadie lo entiende y quizá a nadie le importe entenderlo.
Esa tarde, un viejo amigo de la familia lo visita, toma su guitarra y toca una canción que habla de él, que lleva su nombre. Ese amigo sabe que el niño es muy pequeño para cargar el mundo en sus hombros y que juega a estar bien ante un mundo que se vuelve, a su entender, cada vez más frío. Así que decide cantarle un consejo que yo describiría así:
Cuando las cosas no salen como queremos, cuando la vida nos pone en lugares donde nunca quisimos estar, siempre hay dos caminos: hundirnos en el desconcierto y la amargura o hacer lo mejor que podemos con lo que tenemos. No es fácil optar por lo último, se requiere coraje, valentía y un poco de fe.
Sin embargo, fuiste hecho para salir al mundo y obtenerlos. No tengas miedo, toma una canción triste y mejórala. Guárdala en tu corazón para cuando sientas dolor y recuerda que eres tú y sólo tú el que tiene la fuerza necesaria para mejorar cualquier situación por mala que ésta parezca.
“Es muy extraño pensar que alguien ha escrito una canción sobre ti. Eso sigue conmoviéndome” dijo Julian Lennon, aquel niño asustado, años después de que Paul McCartney escribiera ‘Hey Jude’ para consolarlo cuando era inminente el divorcio de sus padres. Desde entonces, esa canción ha retumbado en miles de oídos que han encontrado en su letra y música la esperanza y el valor para sobreponerse a cualquier situación adversa.
“Es muy extraño pensar que alguien ha escrito una canción sobre ti. Eso sigue conmoviéndome” dijo Julian Lennon, aquel niño asustado, años después de que Paul McCartney escribiera ‘Hey Jude’ para consolarlo cuando era inminente el divorcio de sus padres. Desde entonces, esa canción ha retumbado en miles de oídos que han encontrado en su letra y música la esperanza y el valor para sobreponerse a cualquier situación adversa.
¿Cuál es tu canción triste? Busca dentro de ti, encuéntrala. ¿Puedes mejorarla? Inténtalo, tal vez sólo estás esperando a alguien para que la toque contigo. Pronto llegará.
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