jueves, marzo 04, 2010

Yo confieso...

  1. ¡Oh sí! aunque no me enorgullezco, lo acepto. Lo acepté desde hace ya mucho tiempo: Soy P-É-S-I-M-A amiga. Eso de la amistad, creo que no se me da. No me malinterpreten, no es que no quiera a mis amigos; tengo pocos pero a los que realmente considero como tales los adoro, es simplemente que siempre se me olvida "regar la plantita" esa que dicen que es la amistad. Los amigos que me han durado son aquellos que han terminado por resignarse a la falta de contacto y hacen todo el trabajo de buscar, llamar y así. Es curioso que yo, tan unida a mi familia, sea tan despegada con mis amigos. Frida, mi amiga de El Salvador, me envió hace poco un mail diciéndome que no quería saber más de mí porque yo no correspondía a sus esfuerzos por mantenernos en contacto. No puedo defenderme, estoy de acuerdo con ella y así se lo hice saber; afortunadamente me perdonó y ahora entiende que se consiguió la peor amiga del mundo y me acepta así. Repito, no me enorgullezco de esto.

  2. No hago las cosas con tiempo, no preveo, no prevengo, no tomo precauciones. Por más que quiera, si tengo 10 días para hacer algo, seguramente estaré corriendo el décimo. Si no es urgente, no lo hago. ¡Y creo que así me salen las cosas mucho mejor!

  3. Mis habilidades comunicativas son intermitentes. Así como hay días que puedo tener conversaciones largas y trascendentes, hay otros en que odio hablar y escuchar. No estoy de malas, no estoy triste, ni en mis días. Incluso puedo estar muy contenta. Simplemente no quiero hablar y si me hablan, es altamente probable que haga caso omiso a lo que me digan o cuenten. Eso revela otra gran verdad: no es que sea distraída, es que no te estaba haciendo caso cuando me lo dijiste.

  4. Cuando me enojo mucho, puedo ser la persona más hiriente del mundo. Si en condiciones normales soy algo sarcástica y respondona, enojada soy un monstruo. Generalmente me arrepiento de inmediato de lo que digo, pero mientras está pasando no pienso, sólo escupo estupideces a diestra y siniestra. Por eso cuando me enojo prefiero salir corriendo antes de que haya heridos. Afortunadamente, no me pasa muy seguido.

  5. Vivo a dieta. Todo el tiempo estoy preocupada por mi peso aunque todos me digan que estoy bien. Creo que tengo algo de anorexia, porque no me pierdo un sólo método para bajar de peso y siempre que veo infomerciales me siento tentada a comprar el "Metabol Tonics" (jeje).

¡Lo sé! Tengo problemas, varios. Y los que faltan...

jueves, febrero 18, 2010

Los hombres de mi vida



La familia de mi madre, con la que tengo más contacto, está conformada por cuatro hermanas de las cuales mi mamá es la mayor. De ahí para abajo hay muchas primas -a las cuales adoro- y muy poquitos primos que a su vez me han dotado de muchas, muchas sobrinas gritonas -entre las cuales se encuentra mi adorada Pau- y sólo un par de sobrinos -simpatiquísimos y con super-poderes-. Es por eso que en mi vida han influido muy pocos ejemplares del sexo masculino, de los tres más importantes quisiera hablarles.

Mi padre fue el primero en rebelarse y luchar contra esa "larga estirpe de mujeres independientes (¡ja! ¡NOT!)". Norteño de Ciudaobregon, vino a encontrarse en la Ciudad de México con quien era todo, menos la horma de su zapato. Mi padre me enseñó, más con ejemplos que con palabras, a ser responsable, leal y honesta. Es mi mayor porrista y confía en mí como en nadie, que es decir mucho para alguien tan desconfiado. Comencé a conocerlo en realidad cuando dejamos de vivir juntos, hoy disfruto sus historias, entiendo y respeto sus humores y él me respeta y apoya en todas mis decisiones. Él sabe que lo quiero, aunque no se lo diga, y yo sé, siempre he sabido, que él nunca va a querer a nadie como me quiere a mí. Y eso me hace dormir tranquila.

Abraxas... ¡ay Abraxas! Tan peculiar como su nombre, que significa "dios del bien y dios del mal", no entiende de bondades y maldades, no reconoce sus errores ni juzga los de otros. El héroe de mi infancia, el que se escapaba de casa a los 12 años y se trepaba en un arbol a esperar que le comprara golosinas y se las llevara para alimentarse. El de la moto, el que sin saberlo hace que mi corazón dé un vuelco cada que oigo una ambulancia en la madrugada, el que es capaz de inspirarme la mayor furia y al minuto siguiente la más grande ternura. Iguales por fuera pero tan distintos por dentro, estoy segura de que no sabe que a veces lo admiro por preocuparse tan poco y disfrutar tanto el momento. Como debe de ser, no sé si sepa cuanto lo quiero... yo creo que sí.

Y finalmente, pero no por eso menos importante, Luisz. He hablado de él hasta el cansancio aquí, pero no puedo dejar de mencionarlo. Tanto tiempo y tantas cosas tuvieron que pasar para dar con él que no puedo definirlo mas que como un milagro. Dicen que las mujeres siempre buscamos a un hombre parecido a nuestro padre, no sé si sea el caso. Yo sólo sé que en sus ojos encuentro la paz que tanto había buscado, que cuando estoy con él me siento fuerte, me siento invencible. Un HOMBRE en toda la extensión de la palabra, que ha sabido lidiar con mis ángeles y con mis demonios, que no corre ante los problemas, que entiende y acepta mis debilidades. Yo no puedo pedir más que un hombre como él, que camina a mi lado, no atrás, no adelante; que ama a quienes yo amo y que comparte su vida y sus sueños conmigo. ¡Ah! por cierto, se lleva excelente con mi padre.





jueves, febrero 04, 2010

Del amor y otras quimeras (Parte 2)






Mucho tiempo después, pero aquí está la segunda parte, para la leer la primera, vayan aquí:

I. París


II. La noche

Ella lo observaba desde lejos, como siempre. Se había acostumbrado ya a esos periodos de indiferencia que usualmente concluían con un gesto encantador. Ella vivía para esos momentos que daban una tregua a su ya raquítica esperanza.

Sentada a la orilla del lago, levantó sus ojos para alimentar su alma con aquella sonrisa. No era necesario, podía cerrar sus ojos y aún verla. Él descubrió su presencia de repente y fue a sentarse a su lado sin decir nada. Entre ellos había siempre más música que palabras. Una canción repetida hasta resultar parte del ambiente sonaba a lo lejos y él acercó su boca para canturrear en el oído de ella las notas bajas de un instrumento imaginario, dio un trago al whisky que llevaba en la mano y ella se lo quitó para hacer lo mismo con una confianza que se había ganado casi desde el principio. Le sonrió levemente y desvió su mirada hacia la nada temiendo delatar con su mirada lo evidente.

La velada transcurría sin sobresaltos. Se había hecho costumbre aguardar el amanecer en medio de copas, música y risas. Se había vuelto desvelada por culpa de aquel canto que la había atrapado sin remedio. Desde el primer día se había convertido en actriz de un papel que cada vez se volvía más complicado desempeñar: amiga. De hecho, últimamente había notado que su actuación no engañaba a nadie. Era solo una farsa en la que todos –incluyendo él- participaban con el fin de evadir la realidad que no debía ser contada.

Había momentos en que casi lo sentía suyo. Hubiera dado cualquier cosa por leer su mente cuando la miraba sin dejarse mirar, o mejor, por explorar su corazón en busca de su propio nombre. Todo en él era contradictorio: su actitud, su presencia y también su ausencia. Y ella se había negado a averiguar la verdad presintiendo que no habría una respuesta satisfactoria a sus interrogantes, ni un desenlace feliz para la verdad.

Se distrajo un poco de la turbación que siempre le producía su cercanía charlando con los demás festejantes de nada. Sin embargo, no podía concentrarse en la anécdota que provocaba la risa de los concurrentes. Él tampoco reía, pensando en algo que ella no quería imaginar por el miedo a descubrir a aquella tercera (segunda, en realidad) persona que casi nunca nombraban. Era tan difícil y tan doloroso ponerse en contacto con la realidad en esos momentos que preferían pretender que no existía, mucho menos nombrarla. A ella todo le parecía tan perfecto que hubiera querido gritarle para hacerlo darse cuenta de lo que habían encontrado tan tarde. Pero callaba.

Dentro de poco sería tiempo de tomar café. Se levantó y caminó hacia el interior de la cabaña para preparar un poco. Extrañamente, rompiendo la rutina, él la siguió. Lo que ocurrió después se encontraba borroso en sus recuerdos, tal vez por el whisky, tal vez porque así era mejor. Sólo lo recordaba acercándose mucho más de lo que se había acercado jamás y besándola sin titubear. Recordaba también la sensación de gozo exultante que sintió su corazón y su cuerpo. Su razón –la de los dos- se extravió en ese momento, y no la volvieron a ver hasta la mañana siguiente, con una resaca que aún no se acababa.




martes, enero 19, 2010

(El monstruo entra por el MSN)



En algún momento de una tarde no tan fría, dos extraños de los cuales sólo uno sabe que lo son, tienen esta conversación por conocido mensajero instantáneo:

Worst mistake ever says:
mañana pasaré por tu oficina
Elphie says:
¿sí?
Elphie says:
¿y eso?
Worst mistake ever says:
a una cita a CU
Elphie say:
ahhh

(fin de la conversación en mensajero)

Subtexto:

Worst mistake ever thinks:
Claro que entenderá el mensaje. Si le digo que paso por su oficina es obvio que insinúo que sería una buena oportunidad para comer juntos, volver a vernos después de tantos meses y ponernos al corriente. Seguro que cuando se lo diga, ella lo propondrá sin necesidad de ser yo el que se humille pidiéndole una cita . Tal vez me haga un poco del rogar y le diga que no sé si sea buena idea vernos otra vez, pero terminaré "cediendo". Si accedió a tenerme en sus contactos es porque aún piensa en mí, estoy seguro de que me sigue amando.

Elphie thinks:
¿Mmm...Papas? ¿Qué te piensas que estás insinuando? No puedo, ni quiero, ni en mis peores pesadillas contemplo volver a verte. No sigues en mi vida, te fuiste hace tanto y ¿qué crees? en mi corazón nunca estuviste, hace mucho que lo sé.

¿Y ahora pretendes que, como si nada hubiese pasado, alguna fuerza enferma me haga desear ver tu cara otra vez? Te equivocas, yo ya no estoy enferma aunque tú si lo estés. No me interesa tu vida, si te acepté en mis contactos es porque no te odio, no eres tan importante como para sentir cualquier cosa por ti.

Soy feliz. Conseguí serlo a pesar tuyo. Esas son las únicas -y últimas- noticias que necesitas tener de mí.

(fin de la conversación, bloqueo de contacto)



viernes, enero 08, 2010

Amar y querer ¿no es igual?

ADVERTENCIA:
Si usted es mi hermano, padre, madre, suegra o familiar cercano y por casualidad o invitación ha caído en este blog, créame, no quiere leer este post. Espere a leer el siguiente o, con confianza, lea entradas anteriores pero, repito, NO LEA ESTE POST.


El querer es la carne y la flor,
es buscar el oscuro rincón,
es morder, arañar y besar,
es deseo fugaz, es deseo fugaz.


- Me encanta que hasta cuando me haces el amor, me coges.

Le dije una tarde, mientras descansábamos después de habernos robado todo: la ropa, los gemidos, el sudor, los latidos. Apenas empezábamos a recuperar la respiración y la calma que no habíamos necesitado minutos antes. A él lo hizo reír mi frase y la ha citado muchas veces desde entonces. Y es que a su lado descubrí que eso de que coger y hacer el amor son dos cosas diferentes y mutuamente excluyentes, es lo más falso que pudo haber dicho algún reprimido que piensa que el sexo con la persona a la que amas es sólo con fines reproductivos.

Yo lo amo, y él me ama a mí. Soy su novia y me conocen sus padres y abuelos; además, es el yerno perfecto. Pasamos juntos las fiestas navideñas y quiere casarse conmigo. Soy lo intocable, lo que más respeta, cuando me enfermo me cuida y se asegura de que llegue a salvo a casa y de que me tome mi medicina.

Pero también soy su amante. En algún momento sus ojos verdes arden al mirarme y sé que es lo que viene después. Me besa con furia y me acaricia con lujuria. Escribe en mi cuerpo historias, explora rutas desconocidas y me pierde en súplicas, en deseo que no se detiene, no se contiene, no espera. Deja marcas en mi piel de sus besos, de sus dientes, de sus manos y tatúa mi alma con su fuego. Y me deja hacer, me deja ser sin prejuicios, inventar sin reservas, me consume y yo a él.

Juntos creamos historias bajo las sábanas y somos personas distintas si así lo queremos. A veces jugamos a no amarnos, a sólo desearnos, a ser algo de un momento. Pero sólo es por un rato, porque el amor no se puede esconder por mucho tiempo y, con el último suspiro del mejor orgasmo, vuelvo a ser su princesa, a la que con ternura le acaricia el pelo, quien le dice que lo ama y que nunca había sido tan feliz como lo es con él.

Y, efectivamente, amar y querer no es igual. Lo que olvidó decir el compositor es que ambas cosas mezcladas, dan mucho mejor resultado que por separado.